Y, punzante consonante. Y, siempre seguida de algo o alguien. También a veces seguida de angustia por no saber que escribir en la plaza vacante que deja su sola presencia en una frase.
Hace días topé con el compañero de mi Y en un rinconcito de la calle Sierra Nevada. Compró la plaza que aún había libre en mi compartimento, cuya adquisición le permitió disfrutar gratuitamente de un mapa roto y un ungüento para el dolor de espalda. Un tanto desorientado agradeció el mapa aunque sabía que nunca llegaría a entenderlo. Conservaba la vieja costumbre de encontrar su camino tras dar ocho vueltas en redondo. Mi Y, siempre atenta a las presencias contiguas, se sintió aliviada al conocerle puesto que las calles sevillanas son laberintos en los que uno solo no disfruta del arte del bien-perderse.
Una madrugada de Giralda lejana y bañera rebosante de agua, las dos consonantes se encontraron desnudas, haciéndose cosquillas, abrazadas, fracturándose costillas.
Viajar es perder más que païses. El sur debajo nuestro, mi Y camina a solas. Viste la falda que me levantabas, la que se sonrojaba con cada tirón. La muy cobarde tiene miedo a deshilacharse así que no la pongo a lavar, no vaya a ser que a mi Y le de por penelopenizarse.
La nana táctil
-
Nace la noche
y te acuestas cansada
y sin sueño.
A oscuras te acercas
me buscas
-porque siempre estoy-.
Acurrúcate,
acércate,
abrázate a mi pec...

2 comentarios:
¡El sur veo que también te inspira! Alguien te ha cambiado la literatura por lo que veo... has dejado atrás lo absurdo.
Sigue así. Un beso, burrafante.
PD: a ti te escriben menos que a mi..x'DDD
Me gusta cazar las y al vuelo cuando se habla de coser y descoser.
Estoy deacuerdo con serch, esta historia es diferente, aunque maniene su denominación de origen(y no me refiero al teatro)
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