martes, 7 de octubre de 2008

Miedo de Penélope

Y, punzante consonante. Y, siempre seguida de algo o alguien. También a veces seguida de angustia por no saber que escribir en la plaza vacante que deja su sola presencia en una frase.
Hace días topé con el compañero de mi Y en un rinconcito de la calle Sierra Nevada. Compró la plaza que aún había libre en mi compartimento, cuya adquisición le permitió disfrutar gratuitamente de un mapa roto y un ungüento para el dolor de espalda. Un tanto desorientado agradeció el mapa aunque sabía que nunca llegaría a entenderlo. Conservaba la vieja costumbre de encontrar su camino tras dar ocho vueltas en redondo. Mi Y, siempre atenta a las presencias contiguas, se sintió aliviada al conocerle puesto que las calles sevillanas son laberintos en los que uno solo no disfruta del arte del bien-perderse.
Una madrugada de Giralda lejana y bañera rebosante de agua, las dos consonantes se encontraron desnudas, haciéndose cosquillas, abrazadas, fracturándose costillas.
Viajar es perder más que païses. El sur debajo nuestro, mi Y camina a solas. Viste la falda que me levantabas, la que se sonrojaba con cada tirón. La muy cobarde tiene miedo a deshilacharse así que no la pongo a lavar, no vaya a ser que a mi Y le de por penelopenizarse.

2 comentarios:

Sergi Sánchez dijo...

¡El sur veo que también te inspira! Alguien te ha cambiado la literatura por lo que veo... has dejado atrás lo absurdo.

Sigue así. Un beso, burrafante.

PD: a ti te escriben menos que a mi..x'DDD

Laura dijo...

Me gusta cazar las y al vuelo cuando se habla de coser y descoser.

Estoy deacuerdo con serch, esta historia es diferente, aunque maniene su denominación de origen(y no me refiero al teatro)